lunes, 29 de julio de 2013

Síndrome de Estocolmo en Ecuador


Me encuentro ahora mismo en el aeropuerto Mariscal Sucre de Quito y voy a tomar un vuelo al aeropuerto El Dorado de Bogotá, en Colombia. Mientras escribo estás líneas, no puedo evitar que ciertas pocas lágrimas quieran visitarme en los ojos e intento retenerlas, para que no me pongan en evidencia entre tanto y tanto pasajero desconocido que me rodea. Me cuesta mucho. Sólo lloré una vez saliendo de un país; fue saliendo de Irán, y saliendo de Ecuador no lloro, pero siento que dejo atrás un país es maravilloso. Una gente formidable. Ecuador es un poema.
Ecuador es un himno a la diversidad; consta de tres zonas climáticas diferentes, que varían entre costa, sierra andina o selva amazónica; consta de pueblos y tradiciones muy diversos, como los pueblos que hablan quechua y que se distinguen sobretodo por los trajes de las mujeres -que suele ser una falda oscura con una camisa bordada, un sombrero negro- que son en realidad trajes extremeños y andaluces, impuestos por los españoles en el siglo XVII y que los turistas fotografían todavía como si siempre hubieran estado ahí. Esas mujeres también cargan sus bebés en la espalda, mediante pañuelos, y se nota que son de clase social más humilde que el resto de la población. También tienen una diversidad de pueblos enorme en el Occidente, en la selva, con tradiciones también muy diversas, y que no pude visitar. Ecuador tiene una biodiversidad apabullante; posee por ejemplo la reserva del Yasuní, en el amazonas, que es la reserva con más biodiversidad del mundo. También podemos hablar de la corriente de Humboldt, que llega a Ecuador desde la Antártida y que posibilita, que tantos animales diferentes y exclusivos habiten en las Galápagos, o también, que lleguen ballenas desde la Antártida, viajando durante tres meses, y que van sobretodo a tener a sus crías en la zona de Manabí. En Ecuador hay volcanes activos, como el de Baños, que estalló pocas horas después de que yo saliera de allí. Tiene bosques primarios, como el de Mindo y muchos otros, hay bosques secos, como el de Los Frailes y playas espectaculares. En Ecuador es absurdo decir eso de "tan bello era que no paraba de frotarme los ojos", porque si uno tuviera que frotarse los ojos por cada momento de belleza que vive en este país, se quedaría ciego de tanto rascarse. Y lo peor es que, como ya he dicho, pese a toda esa belleza incomparable, lo más lindo de Ecuador son sus gentes. Esta mañana, por ejemplo, llegué a Quito, casi sin dinero y no quería cambiar más dólares, porque los tengo en billetes de cincuenta y con billetes de mucha cuantía, siempre te hacen mejor precio en el cambio en otros países, así que una mujer me dejó comer un plato en un restaurante por menos dinero, y cuando ya no tenía y necesitaba una conexión a internet, le pedí a una mujer que me diera la clave de wifi de su restaurante, y me la dio con una sonrisa... Ecuador es un poema...
Esta semana la viajé enteramente con Raquel Alay, una ecuatoriana que conocí en Guayaquil, y ha sido maravilloso viajar con ella, porque he podido conocer muchas más cosas de la cultura ecuatoriana, que si hubiera viajado sólo o con otros turistas. Yo creo que a cambio, le he enseñado un poco a viajar. Ella alucinaba hoy cuando llegaba a casa habiéndose gastado la mitad de lo que había previsto, pero haciendo tanto o más de lo que había previsto. Estuvimos en el mercado de Otavalo, que es zona andina, en Mindo, que tiene paisajes con bosques primarios y yo nunca había estado en una selva tan angosta. Hemos estado en Puerto López y hemos visto saltar a las ballenas sobre el agua y eso era sencillamente una pasada; imaginad un autobús bien grande emergiendo del agua a gran velocidad, subir unos 20 metros o más e imaginadlo cayendo de nuevo al agua, en medio de un ruido enorme y de una hondonada enorme también, causada por el efecto del choque de su cuerpo contra el agua. Os aseguro que jamás olvidaríais ese espectáculo natural. Tan espectacular que yo todavía me froto los ojos y como decía más arriba, alguien o algo va a tener que impedírmelo para no quedarme ciego. También fuimos a Quito, que no es una ciudad especialmente bonita, sin embargo, tuve la enorme suerte de que justo ese día Evo Morales estaba visitando la ciudad para una reunión con Correa, lo que me permitió verle y sentir hasta qué punto admiro a este jefe de estado y todos estos dirigentes de América Latina, que están dando un cambio radical al continente. Por último fuimos a Baños, que es muy bonito, pero que por ciertos pequeños problemas míos de salud, no pudimos disfrutar mucho. Lo más relevante fue para mí, que hice puenting por primera vez en mi vida y que fue divertido bailar un poco de salsa llegada la noche.
Ya estoy bien, respecto a lo del médico y tal, además, debo decir que me gustó la experiencia de ir a un médico en Ecuador... ¿Os imagináis qué ocurriría si un ecuatoriano va ahora al médico en España? Exacto, esperemos que no tenga nada muy grave, porque sino no le atienden y se queda ahí. Pues a mí en Ecuador me atendieron gratuitamente, con medicinas y sonrisa incluida... ¿Que por qué? Muy sencillo, porque estaba en un país socialista y no tiene nada que ver ir al médico en un país socialista y en uno capitalista. Es increíble cómo Ecuador está cambiando a pasos de gigante, y cómo poco a poco se está acercando a estándares sociales europeos, y eso es gracias a su presidente. Rafael Correa ha cumplido sus principales promesas de campaña en su primer mandato al iniciar el desmantelamiento de las políticas neoliberales y mejorar las condiciones de vida de la población. Economista y académico, fundó el movimiento Alianza PAIS con el que obtuvo la presidencia y ha gobernado desde entonces. Correa se unió al Alba, con Venezuela y Bolivia, y según datos de la Cepal, Ecuador ha abatido la pobreza sostenidamente durante el gobierno actual y sólo en 2012 la redujo del 37.1 al 32.4 por ciento. El presupuesto educacional se ha incrementado de 2.5 por ciento del PIB en 2006 hasta alcanzar 6 por ciento en 2013, uno de los más altos de la región. La inversión en salud ha escalado de 561 millones de dólares en 2006 a 1774 millones en 2012, equivalente a 6.8 por ciento del PIB. En colaboración con Cuba se producen medicamentos genéricos distribuidos gratuitamente. Se han construido también miles de carreteras, por donde circulan los humanos y sus negocios. La economía ha crecido como pocas en la región con una política anticíclica, fuerte aumento de la inversión pública, intervención estatal y una considerable elevación de su participación en la renta petrolera. Son logros tangibles, concretos, innegables, que han ganado el apoyo popular y elevado el prestigio de Ecuador y de su presidente en esta región y en el mundo.

Selvas, montañas, playas, ballenas, volcanes, calor, quechuas, incas, salsa, como decía, Ecuador es un paraíso, del que es difícil escapar, Ecuador es la ballena que salta veinte metros por encima del nivel del mar y cuando cae, en medio de un estruendo ensordecedor, nos deja a todos frotándonos los ojos...

¡Parad de frotar o quedaréis ciegos!

domingo, 7 de julio de 2013

El desierto del Tatacoa


Estoy sentado en una mecedora en medio de lo conocido como el desierto del Tatacoa. Oigo unos caballos comer, oigo alejados unos niños jugar a algún juego con números, sopla una brisa suave, la noche me acompaña y una fría cerveza, y en incesante vaivén levanto la vista hacia este cielo tan despejado como exuberantemente estrellado y bajo la vista y escribo. Habría que ser necio para pensar que se puede ser más rico que alguien que ve al mismo tiempo en el cielo "la cruz del sur" y "la estrella polar", majestuosamente señalada por el final del "carro de la osa" cuando sumamos cinco veces la distancia entre las estrellas Merak y Dube. Esto no es un cielo: es un epustuflante espectáculo y una ofrenda de la naturaleza al humano, en la forma del fuego de una inefable lluvia de estrellas...
Viajo ahora con una francesa, Amandine, y con Mauricio, un colombiano que es muy buena persona y que me habla de ovnis, de dioses y de causalidad, bajo este tan sugerente traje de luces cósmico. Yo le contesto que no creo en dioses, que otras vidas deben existir pero que jamás vinieron de visita, que creo en la casualidad y que creo en el fin tras la  muerte, y que es justamente la consciencia de ese temporal e insignificante momento que es la vida, la que me da tanta fuerza para vivirla tan intensamente y que no necesito ninguna explicación trascendente para ser consciente tanto de mi pequeñez vital, como de la enorme grandeza inexplicable de la vulnerable invulnerabilidad de vivir este momento. Yo no le convenzo, ni él a mí tampoco.  Sin embargo, me gusta que esté aquí. Algo que me gusta de viajar en este país, es que de algún modo, siempre estoy con colombianos y que no tengo que compartir mis momentos con turistas, que podrían enseñarme muchas menos cosas sobre estos lugares y culturas.
Vuelvo a mirar al cielo y a lo lejos se divisa una muy activa tormenta eléctrica que creía que jamás llegaría y que luego me contaron que en este desierto puede llegar, que llueve a veces, porque es un desierto tropical semiárido.  Alguien pasa en uno de los escasos coches que transitan el camino de tierra y suena salsa desde los altavoces del automóvil, lo cual es otra de las cosas que me encantan de viajar por Colombia, como ya me gustaba de viajar por Ecuador. También puede sonar mala música; hay vallenato, hay reggaetón, hay  música electrónica y malos músicos, claro. Pero muchas veces suena salsa, y la salsa compensa cuando suena, por todos esos momentos que yo considero como "contaminación acústica" de la música para oídos inexpertos ¡Qué placer da viajar por un país en que a menudo pasa buena música por la radio y donde la gente la vive tan intensamente!
Vuelvo a mirar al cielo, cada vez más poblado de estrellas, y al tiempo que reconozco algunas constelaciones y algún planeta, reconozco también que me lo estoy pasando genial en este viaje, y que si lo paso tan bien es, de una parte, gracias a sus paisajes, a sus lugares-que-ver, pero es ante todo por sus gentes. Sé que me repito, que ya lo dije en otro post, pero es que salí enamorado de la gente de Ecuador, y sigo igualmente enamorado de la gente de Colombia. Estos latinos son maravillosos, con sus sonrisas, con su fuerza para vivir, con su espíritu solidario, con su curiosidad educada que pregunta de dónde vienes, que hacen no sentir solo, con sus ganas reales de saber quién eres, de compartir buenos momentos. Llevo dos semanas de viaje por esta parte del mundo y creo ya estar en la certeza de que este viaje lo guardaré en la estantería de "los mejores viajes", de esos que se recuerdan cuando faltan las fuerzas para vivir el hastío del día a día, de esos que despejan las tormentas y hacen aparecer el sol de las sonrisas, en los días tristes.
Hay solamente algo que no me gusta de viajar por este país, y es que el transporte es muy caro, en consecuencia de la falta de petróleo. El precio por comer es irrisorio; se pueden comer copiosos platos por menos de tres euros cada vez, pero se viaja por una cantidad de dinero enorme comparado con el precio de la comida y del alojamiento. Además, las carreteras son muy accidentadas por la orografía y eso convierte trayectos de doscientos kilómetros en cinco horas de viaje. De todas formas eso no cambia incluso la sensación de que podría quedarme a vivir aquí.
Vuelvo a mirar al cielo y los grillos silvan tan fuerte que ya no oigo a los niños que jugaban, estoy solo y la tormenta eléctrica se aleja y despeja cada vez más. En la mañana visité las maravillosas formaciones rocosas de este desierto rojo, de insensibles grietas arañando la tierra de cactus preciosos. Mañana me marcharé a la zona cafetera, cerca de Armenia, donde me hospeda un chico de Couchsurfing y al final de la semana estaré en Cali, donde tengo muchas ganas de ir, por lo tanto que me habló de la ciudad mi buena amiga caleña Johana Ciro, que vive ahora en València. Miro por última vez al cielo, me siento muy afortunado, y viene a mí una y otra vez una frase que me dijo una vez un vasco en otro desierto, el Wadi Rum de Jordania, donde estaba también con mi padre, y que dice que "los ricos pueden dormir en hoteles de 5 estrellas, pero que los pobres pueden a veces dormir en hoteles de millones de estrellas".

!Que los grillos bailen salsa con los astros en vuestros sueños, yo no tengo que soñarlo, sólo mirar, así que dormiré con los ojos abiertos! ¡Buenas y deliciosas noches desde la tierra del sabor!

jueves, 4 de julio de 2013

Colombia es la mecha encendida de un cohete de fuegos artificiales


Confieso que hace mucho que no escribo, lo sé, pero es que en este viaje no tengo tantas ocasiones. La cuestión es que en cualquier otro de mis viajes, sacar el ordenador a la vista de la gente no suponía ningún problema. Digamos, que en esta parte del mundo, si a alguien le gusta tu ordenador, puedes tener un problema.
Me encuentro ahora mismo en Colombia. Y debo admitir que la entrada en Colombia me daba más respeto que la de otros países: los cárteles de Medellín y Cali, la lucha por el control de la coca, la guerrilla en la selva, los paramilitares para acabar con la guerrilla, los secuestros, la violencia en las calles, los robos a mano armada, etc. Causan respeto. Sobretodo si nada más entrar, conoces a un sociólogo, como me ha ocurrido a mí, justamente especializado en el problema de la violencia en Colombia. Me contó cómo de niño en su casa de Cali, estalló una bomba contra una de las oficinas del Cartel. Era una guerra en la que incluso había escuelas de sicarios para poder acabar con enemigos o competidores, por no más de cincuenta dólares. Es el injusto valor que a veces se da a la vida. Colombia causa respeto, sí. En todos los transportes que me monté hoy, en cualquier momento surgió el tema de la violencia, de los robos, de los atracos.
Hoy viajé en lo conocido como el trampolín de la muerte, que es una carretera en muy mal estado, en donde hay muchos accidentes, y en donde encima, también hay muchos atracos a mano armada. Me costaba creer pese a todo, que toda esa violencia suceda en un país en donde sus gentes son tan sonrientes y amables, tan acogedores. Desde que entré al país, todo el mundo me trata súper bien, todo el mundo conversa conmigo, me ayuda, y me salen amigos por todas partes. Algo que me sorprendió también, viniendo de Ecuador, es la diferencia en la que se encuentran ambos países, en cuestión de limpieza de las calles, de buenas carreteras, de seguridad, de pobreza. Y me atrevería a decir, con lo poco que he visto, que el sistema socialista de Correa funciona mil veces mejor que el Colombiano. Y pese a todo, quizás sea injusto comparar, porque la historia de ambos países es muy distinta y quizás Ecuador no tuvo que resolver los graves problemas que tuvo que resolver Colombia,  y que son muchos.
Ahora bien, no todo son puntos negativos -quería escribir esta parte al final, para no dejar un tan mal sabor de boca-, y es que Colombia es precioso. Hoy crucé la frontera y me vine directo hacia San Agustín, donde hay unas muy conocidas ruinas de hace cinco mil años de antigüedad, y de camino aquí creo haber visto unos de los paisajes más bellos que jamás vi en la vida. Jamás vi una vegetación tan frondosa, entre montañas tan altas, con valles jugando a romper tanto y tanto desnivel, con tanta planta y tanto árbol luchando por conseguir crecer, por conseguir ser vistos. Y también es cierto que el mismo sociólogo que me habló de la violencia en Colombia, me habló a su vez de sus platos, y me recomendó probar unos cuantos. Le dije que iba a ir a Cali y me dijo que estaba yendo al centro mundial del sabor, y es que dicen que Cali es la capital mundial de la salsa, y aquí el baile es toda una institución y todo el mundo lo baila y todo el mundo lo entiende. Yo por mi parte ya he dado mis primeros pasitos en salsa, pero ¡qué difícil es! En fin, a ver si al final de este viaje, por países tan salseros, puedo al final decir que aprendí alguna cosa de este delicioso baile.
Ya dejé Ecuador, y volveré dentro de tres semanas. Decidí hacerlo así para poder viajar una semana con una amiga ecuatoriana, Raquel Alay. Y tampoco me puedo olvidar de la gente que conocí en Guayaquil: de Raquel, por supuesto, pero tampoco de Leonardo, que me acogió durante unos cuatro días en su casa, y que no siendo bastante, él y sus amigos me pagaron un restaurante magnífico de marisco ¡Cómo sentí tener tanto sueño el día que me invitaron y parecer un asocial, cuando lo que pasaba en realidad era que estaba muerto de sueño de haber salido de fiesta un día antes a la playa en Ecuador y pasar la noche bailando y bebiendo! ¡Me dormía de pie!

Ah, en fin, lo estoy pasando bien. Colombia se abre ante mí con perspectivas diferentes a las de Ecuador, pero tan interesantes las unas como las otras. Espero pasarlo aquí tan bien como lo pasé en Ecuador, espero que este país que es pólvora y belleza al mismo tiempo, que es la mecha encendida de un cohete de fuegos artificiales, me regale al estallar esas bellas formas que ya me ha regalado Ecuador, que me regale fotografías mentales; instantes y abrazos que poder recordar, que poder contar algún día, y que pueda yo seguir pensando que este mundo es precioso, que la vida es salsa, y que esta vida mía fue un baile tan enérgico como maravilloso...

¡Salsa y más salsa!